No hay Novedades en el Frente

Algunos, nacidos en el territorio en conflicto, víctimas, desde siempre, del destino y de la geopolítica, tratamos de seguir con atención y sin pasión, aunque nos pese, y de “descifrar” o cuanto menos entender acontecimientos más importantes o notorios, que transcurren muchas veces de manera turbulenta y opaca en el fangoso cauce del proceso llevado a cabo por las Naciones Unidas en Saguia el Hamra y Rio de Oro (hoy Sáhara Occidental ), que pretende dar solución al crónico problema de Saguia el Hamra y Rio de Oro. Territorio no autónomo, según la cuarta comisión de la ONU.

Un problema, como todos sabemos, que dura ya más de tres décadas con el consiguiente sufrimiento de la mayoría de los saharauis de un lado y de otro. Es una cuestión que no sólo trata de problemas como las carencias materiales, sino también de graves violaciones de derechos humanos, de familias descuartizadas, de jóvenes sin horizonte; en fin, de toda una sociedad asistida y sin futuro visible. Es un fondo de negocio para algunos que buscan una oportunidad de promoción, que otros perdieron en algún que otro recoveco de alguna oficina de Dios sabe dónde. Hay un elemento prominente que cabe resaltar aquí: toda discrepancia en un lado u otro, de facto, suele ser tachada de traición a la “patria”, como si aún estuviéramos en la época estalinista de Siberia. Esa ausencia de democracia real, de opiniones enriquecedoras sin tener que decantarse por un sí o un no, es uno de los elementos más importantes que indica que realmente no hay voluntad política para resolver el problema. Ese trato es propio de regímenes no democráticos. Hablar de libertades con opiniones condicionadas es hipocresía.

Verdadero problema

En la inamovible situación, por desgracia, muchos, sin saberlo, buscan razones lejos del quid del verdadero problema. Se van por las ramas olvidando lo esencial. Olvidando o desconociendo que con el tiempo se han ido acumulando muchos problemas de toda índole. Pues la geografía humana se ha transformado, la guerra fría hace tiempo que ha acabado, las ideologías se han diluido y “la globalización está allí”, a decir de Carlos Fuentes, “como el espíritu santo”, en todas partes. Cada vez más hay nuevos actores con razón o sin ella, de unos y otros; pues a río revuelto, ganancia de pescadores, reza el refrán. Pero ese es otro tema. El problema del Sáhara es un problema jurídico por excelencia, hecho recalcado por el señor Ross en su ultimo discurso. El caos es fruto de la inmovilidad del statu quo, del crecimiento demográfico galopante, del fracaso de las políticas de asistencia, amén de la corrupción, y de la injusticia casi diaria practicada sobre todos por los caciques locales “legitimados” por su docilidad, pero también de la incompetencia. Todo esto ha generado un clima malsano abriendo las puertas a la confusión y la incertidumbre. Ese cuadro sombrío e infecto es vigente en todos los lados. Dicho de otro modo, el problema inicial, origen del conflicto, se ha diluido en un problema de largos alcances mas allá del territorio disputado. Habitantes saharauis y no saharauis pasaron a formar parte de un conflicto geográficamente limitado, pero humanamente no, al abarcar a personas exentas, en un inicio, en el litigio. He de recordar aquí, sin ánimos de discrepancia o de ser excluyente, que los saharauis (término reciente) no son exclusivos a los del territorio (o eran , al menos) en disputa, sino que son también todos los saharauis o los que identifican como tales .Y a partir de ahí el conflicto abarca más territorios reconocidos como territorios legítimos de otros países, lo cual abre nuevas expectativas y complica más la cuestión.

El problema inicial, como todos sabemos, trata de aplicar el espíritu de la resolución 1514 de Las Naciones Unidas. Esta resolución implica la búsqueda de una solución adecuada y aceptable para las personas otrora colonizadas por el estado español y que vivían limitadas territorialmente entre el Cruce (antigua frontera con Marruecos ) y Laguera ( frontera con Mauritania ), para asegurar que puedan decidir su futuro; pero, como es obvio, se ha diluido tanto el problema al inmiscuirse diferentes problemáticas inherentes a cuestiones de derechos humanos, de subsistencia, de protagonismo, etc., que el territorio se ha convertido en el ágora de todo tipo de protestas de personas de todos los horizontes. Otro elemento importante que hay que recordar aquí, es la gira en la región, el mes pasado, del representante especial del Secretario General de la ONU, señor Ross después de haber sido rechazado-aceptado por Marruecos. Su misión, en principio, era mediar, acercar posiciones entre “las partes” del conflicto. Después de organizar cinco rondas de “negociaciones oficiales” y nueve extraoficiales “sin resultados” aparentes. Reconoce, por último, en Madrid, que hay que empezar de nuevo “negociaciones serias” (a buen entendedor…), y aprieta advirtiendo sobre un posible estallido violento en el Sáhara Occidental y en toda la región. O sea que acaba de enterarse de que toda la región podría estallar de un momento a otro. Es una forma inteligente de meterle miedo a los dirigentes. ¿Pero a cuáles? El observador avispado a lo primero que le presta atención es a la frase hecha repetida hasta la saciedad por muchos dirigentes occidentales relacionados con este asunto y es el “apoyo a una solución, justa y mutuamente aceptada”. Y eso que existen dos posiciones totalmente antagónicas e irreconciliables al menos por el momento. Ese chaleco salvavidas en el que se esconden los dirigentes occidentales es más que sospechoso. Denota el poco interés y la poca importancia que tiene el dossier en sus agendas.

Los olvidos de Ross

Dicho sea de paso, el señor Ross parece olvidar lo que es el Sahel [territorio vasto, estéril y muy subdesarrollado], sobre todo la región del Azawad, en el fallido estado de Mali, donde confluyen tuaregs, tribus beduinas y otros. Allí se ha instalado hace mucho un hervidero bien nutrido de todo tipo de terroristas, islamistas, mercenarios, contrabandistas, hambrientos, refugiados, aventureros, nómadas honorables, etc., que encuentran su elemento en una región sin ley y sin estado. Esa región representa una parte importante del gran Sáhara. Algunos de esos grupos armados llevan ya tiempo luchando contra el régimen de Malí, otros provienen de Argelia para implantar su “sharia” inspirados en Al Qaeda. La fiesta lleva muchos años celebrándose, como he apuntado, y se nutre, en gran medida, del rapto de turistas o cooperantes de buena fe, y algunos de sus países de origen pagan generosamente su liberación para acallar su electorado olvidando que están negociando con terroristas. Entre ellos el estado español. Cabe recordar un elemento adyuvante a la expansión y fortalecimiento del terrorismo en esa zona y es el resultado inherente del desorden surgido sobre todo en Túnez y Libia a raíz de la caída estrepitosa de sus regímenes, en algunos casos muy crueles, por cierto. El Sahel también es la tierra de la sequía y de los grandes movimientos humanos que otrora se movían en toda la región sin tropezar con fronteras, impuestas más tarde por el mismo de siempre, trazadas en linea recta, como sabemos todos, en algún que otro despacho confortable de alguna capital europea .
La historia se repite, y los de aquí siguen pagando los errores de la “sabiduría” y designios del hombre invencible, por su peculiar interpretación de la aplicación de sus propias leyes [contradictorias en este caso]. Leyes escritas por vencedores e impuestas a vencidos.

Celebramos que se entienda, por fin, que los problemas de toda la región están relacionados y eso lo debemos al señor Ross. Al menos en su gira productiva y saludable han podido pasar por el “confesionario” muchas personas de toda índole y mucha “sociedad civil”. Es una pena que alguien de la talla del señor Ross levante tan grandiosa polvareda y que al final el trasfondo del problema se deje de lado. Al menos ha tenido la osadía de reconocer que hasta ahora su misión ha sido un fracaso.
El procedimiento elegido para dar brío a unos en detrimento de otros por parte del Majzén es incomprensible, al menos para algunos de nosotros. El sufrimiento no tiene religión ni razón de ser para nadie. Eso ya se arrastra como vestigio de los años de plomo que de vez en cuando se asoman inevitablemente. Otros recibimientos sonados y reflejados en algún que otro medio de prensa marroquí cercano a los de siempre, a personajes de dudosa reputación, nos han dejado impresionados. Hecho habitual y tan propio de esa política tan común de aquí, que consiste en ningunear a los que no interesan o tienen ideas propias. Ese ánimo excluyente, tan vigente como nunca, no concuerda con el deseado diálogo beneficioso y búsqueda de posibles soluciones . Tampoco refleja el espirito de la nueva Constitución. Entiéndase que el que no llora no mama. Sigue vigente con más fuerza que nunca. Es de agradecer tener tanta paciencia y bondad por parte del Enviado Personal, sobre todo por mantener esa inmaculada sonrisa y la pose para la eternidad que otorga a sus interlocutores al término de las “fructíferas” entrevistas. Y con ello se ha sumado otro problema; ahora ya el debate está abierto, y ya es transfronterizo como en sus día recordó Khadija Mouhsen. Se habló de todo menos del verdadero problema que nadie quiere ver. Pues al menos si no sirvió para mucho la gira del Representante Personal, habrá servido como una terapia de grupo. Es necesario en en clima de crispación, frustración, malos tratos en todas partes, aquí no hay buenos ni malos, seguramente se habrá dado cuenta Ross de que de tantos “interlocutores” que recibió, tantas versiones, tantos recibimientos, tantos coloridos, pero, sin embargo, no quedó gran cosa; el problema inicial, hoy por hoy, ya no concuerda con lo que en un principio pretende la resolución 1514 de las Naciones Unidas. Ni humana. ni política, ni territorialmente. La solución hoy hay que buscarla en toda la región, porque ya nadie puede trazar fronteras entre saharauis de unas u otras tribus. Y mientras tanto seguirán las rondas de “negociaciones” rutinarias sin resultados, porque mirar al otro lado, como dijo alguien, no borra el problema, sino lo entorpece y complica mucho más.