Sahara Occidental

El hecho de exponer, hoy en día, un punto de vista independiente en ( o sobre) el Sahara Occidental es de por si arriesgado. Opinar se presenta difícil bajo la amenaza o sospecha de ser traidor, chiflado, vendido, desequilibrado, integrista, separatista, infiltrado, etc. Y las calificaciones no se detienen allí.
Pues nada menos que a principios del propio Siglo XXI aún hay personas sobre todo, en lo referente a temas del Sahara Occidental, mi tierra natal, no permiten opiniones que discrepan o son diferentes de la opinión generalizada y muy simplificada, y es que el Polisario-me refiero aquí a la nomenclatura que ya lleva cuarenta años en el poder con manos de hierro y no al pueblo saharaui- es el ‘bueno’, el ‘ justo’, la ‘ victima’ y Marruecos es todo lo contrario. Para mí la dirección “justa” y eterna de Polisario es una clonación kafcaniana del “mahzen” marroquí. Es una moneda con dos caras muy semejantes.

Esa dicotomía, ese dualismo, es muy peligroso por cerrar filas a otras tendencias u opiniones discordantes o simplemente opuestas a esos discursos oficiales y tendenciosos; pues el que opina diferente, o solo porque tiene derecho a ello, sufre casi siempre algún tirón de las manos para alienarse a un lado u otro, o ser tildado de tantos impropios que algunos ni siquiera caben en diccionarios de la real academia de las lenguas.

Esta situación, insostenible, indujo a que muchos, saharauis y, sobre todos saharauis -españoles, o saharauis mauritanos a sufrir una autocensura para no ser apuntados por los dedos como los enemigos de la patria, en sentido de Estado-nación, en términos hitlerianos o más allá, sufrir efectos propios de la propia Inquisición de la Edad Media. No digo que los saharauis no han sufrido (y sufren aun ) represión tanto en Marruecos como en el Polisario. Ser saharaui hoy es estar condenado a una ciudadanía de segundo orden, denigrado y sin posibilidades de vivir libre y sin coacciones. Esto pasa en todos los lados, y hablo en conocimiento de causa; pues si opinas estando en las filas del Polisario serás considerado como infiltrado de Marruecos y de España, o tachado de “hijo del joder macho” por tener una educación española (que para mí es motivo de orgullo) , y en Marruecos serás tratado con la misma moneda: infiltrado de Polisario, de Mauritania y de España. El destino de todo saharaui que opina diferente es no ser de confianza. Nadie confía en nosotros.

Y las pocas personas, con rigor profesional, con ánimos y deseos de hacer bien su trabajo, al intentar acercarse a la realidad del conflicto de un lado y otro, se han convertido en diana para unos cuantos energúmenos tildándolos de las peores adjetivos, incluso públicamente en muchos medios financiados por la propia democracia, sobre todo española.

Estamos asistiendo, pues, de una forma soterrada, de impedir la expresión de la opinión discordante o diferente de todo saharaui que piensa diferente, en nombre de “la defensa de los derechos humanos”, “en nombre de la justicia”, para unos, o en nombre de la “unidad nacional” o de “ser radical pro algo distinto”, para otros.
Se arenga, se exacerba la opinión con diatribas patrias, con ánimos de lanzarte a la arena de los leones. Una forma de asesinarte políticamente y desalojarte de tu propia alma.

Entendemos por democracia el derecho a opinar, trabajar, reunirse, expresarse y sobre todo salvaguardar la integridad personal tanto física como moral .Dicho sea de paso condenamos todo acto de violencia sea de quien sea. Nadie tiene derecho de matar, torturar, asesinar, violar.
Entendemos por pluralismo que nadie tiene derecho de encuadrarnos eternamente bajo las siglas de unos pocos que usurpan la representatividad de los saharauis, o de los otros, “mahzeinianos” marroquíes que nos miran de reojo, por encima del hombre como si fuéramos un botín de guerra.
Pues hasta ahora, por desgracia, no gozamos ni de democracia ni de pluralismo ni en Marruecos ni el Polisario.

Somos personas errantes en todos los sitios y en ningún sitio. Condenados a no pensar ni vivir dignamente.